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sábado, 27 de diciembre de 2014

La liebre y la urraca

Erase una liebre como todas las liebres, pero muy aficionada, quién sabe por qué, a presumir de lo que no era: de forzuda, de valiente, de buena cazadora...
Un día se encontró en un campo una cabra montés muerta. Acababa de detenerse la liebre junto a la cabra, cuando llegó volando una urraca.
Al ver la presa que había hecho la liebre, se posó en una rama, la saludó y dijo:
-Oye, vecina, ¿dónde has encontrado esa res?
-La he matado yo -contestó la liebre.
La urraca se quedó pasmada: la liebre había matado a una cabra montés.
La liebre seguía presumiendo:
-Soy tan buena cazadora que, si me pusiera a cazar en serio, habría acabado ya con todos los animales. ¡Yo puedo cazar todos los animales que quiera! Cuando me haya comido la cabra, ¡iré a cazar un oso!
La urraca le pidió humildemente a la liebre:
-Oye, vecina, enséñame a cazar a mí. Porque yo siempre ando medio hambrienta.
-¡Pues claro que te enseñaré! -contestó la liebre. Cazar así es de lo más sencillo. No hay más que abrir mucho la boca y gritar. De lo más sencillo, ya te digo. ¿O es que no sabes gritar?
-¡Ya lo creo que sí! Yo grito muy bien -contestó la urraca, pensando para sus adentros: «¿Qué falta me hace ir en busca de un oso si tengo una liebre delante de mis narices?»
La urraca se remontó por los aires, abrió el pico todo lo que pudo y pegó un grito tremendo. Tan tremendo que unos pajarillos que había por allí cerca se cayeron de las ramas donde estaban posados.
En cuanto a la liebre, no volvió a verla la urraca, porque escapó con un susto de muerte. Nadie sabe adónde escapó.
La urraca se quedó pensando: «¿Cómo se habrá escapado la liebre en lugar de caer muerta? Será que no he gritado bastante. Otra vez que vea una presa, gritaré más fuerte.»
Desde entonces, la urraca vuela por el bosque y, nada más ver a un animal, empieza a gritar y parlotear con todas sus fuerzas.
Ella no ha matado a un solo animal con sus gritos, pero los cazadores saben que grita cuando ve alguna presa. De manera que, en cuanto la oyen, ¡allá van! La urraca grita, abre el pico, agita las alas y mueve la cola pensando: «¡Ahora lo mato! ¡Ahora, sí que lo mato!» Llegan los cazadores, le pegan un tiro al animal y se lo llevan.
También ocurre que la urraca ve a un cazador al acecho. «¡Qué grande es! -piensa admirada. ¡Ahora sí que lo mato!» Se pone a gritar y espanta a todos los animales, que ya no son para ella ni para el cazador.

1.098.1 Naguishkin (Dmitri D.) - 074

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